martes, 23 de febrero de 2016

VAMOS A LA PLAYA



            Los cocoteros se inclinaban saludando la brisa que resoplaba del mar, lo cálido del sol veraniego se penetraba en las ardientes arenas de la longilinea playa que rugía estrepitosamente con el rebalse de las olas, una parvada de pelícanos se abría paso en los copetes de las aguas en su afán de pesca. Cientos de cangrejos jugaban Tenta en el oscuro manto cuando retozaban saliendo de los agujeros que se llenaban del salado líquido.
          En los parches donde se formaban las sombras dejadas por los árboles reposaban dos toallas de colores vistosos que resguardaban unas botellas de bebida, el tubo de un bloqueados solar, envuelto en un delgado bikini color naranja se asomaban un par de anteojos oscuros y un sombrero de paja.
          A lo lejos se dejaban escuchar las risas de una pareja, tomados de la mano que saltaban de alegría sobre los pequeños tumbos de blanca espuma. Se correteando el uno al otro con marcas de arena que sobresalían de sus bronceados cuerpos. Luego se daban una zambullida en la siguiente ola y se condujeron en dirección a su nido, donde se tumbaron sobre las toallas.
          El chasquido de un beso se filtro en lo cálido del aliento y las gallaretas que sobrevolaban en ese instante se hicieron las desentendidas  ante el encuentro de dos cuerpos que se fundieron en un sensual abrazo. El tiempo se hizo eterno y el romance se prolongó hasta ya entrada la tarde. El brindis había sido extremo junto a las melosas caricias. La sombra de la pareja se alargaba hacia el interior de la playa mientras el sonriente sol se ocultaba tímido entre las olas.
          El canto de las aves vespertinas se balanceaba hacia las copas de los árboles ante la llegada de penumbra que se dejaba caer tras los últimos vientos templados rumbo al norte.
          A lo lejos se dejó escuchar una bocina de una carrito de esos de 4X4 que ronroneaba en los alrededores del lugar.
          La dama se sentó y cubriéndose los senos se arregló usando su bata ropas, le dió unas palmadas a su pareja, anunciándole la presencia del vehículo que los llegaba a recoger. Surcando a media velocidad rumbo a donde se encontraban dejó las marcas indelebles de los neumáticos en lo húmedo de del tránsito, luego detuvo su marcha.. El joven sacudiéndose las arenas y  desarrugando su calzoneta se colocó de pie y saludó al piloto.
          La noche se había hecho presente en el retorno, los dos enamorados emanciparon sus almas después de una emocionante aventura, mientras tanto las olas del mar se hacían copetonas y se introducían a la playa borrando con su espuma los vestigios de una tarde sensual, llena de amor.
  

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