A la distancia te vi como cuando los patos
buscan el verano boreal. Los celajes se relajaban en la coronilla de los cerros
que se encallaban en el mar. Nubes taciturnas se reflejaban en los rayos
iridiscentes del picante sol, que se relajaba con el airecito cálido con suavidad.
Alcanzaste
el pensamiento de los sueños y sembraste el sonido de las canciones, mientras
iluminabas con risas los sentimientos de un coloquio de las garzas que
pespuntaban con anhelo las lagunetas verdes junto al mar.
Los
pececillos se aletargaban juntos a las ninfas sofocados de calor, que bailaban
en el remanso de las aguas salóbregas, recogiendo los mensajes de los sapos
bocones con el croa de un canto bajo las piedras, prestos a cazar a los bichos
que se detienen curiosos a contemplar el coro.
El
acorde de un splash ejecutado a corta distancia alertaba a las especies
pequeñas sobre la temeridad de algún besugo gigante que se lanzaba en busca de
su alimento, arremolinando el oscuro lodo del fondo que le servía de cortina en
sus tácticas para agarrar a los incautos o los que aun por la hora permanecían
adormitados entre las raíces de la lianas.
La
estilizada flor de Loto que se balancea hace su espectáculo de bailarina
mientras se moja los cachetes en el remolino de las hojas que le dan el
escenario con comparsa de libélulas que se detienen en los aires haciéndole el
ritmo. El espectáculo se ve detenido al paso de los perros de agua que se
envalentonan en salir a la superficie acicalándose los bigotes mientras
saborean las mojarras de su pesca.
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