Las
luces danzaban alegremente cuando al caer de la tarde los papeles de china se
bailaban en los postes, haciendo mas agradables a la vista, el espectáculo de la Feria. Los estallidos
de los petardos y la novedad de los elotes locos eran las delicias del
vecindario, como zompopos los chicos enarbolaban sendo globos que apuntaban
hacia el cielo haciéndose de filigranas entre los confetis, cascarones y los
estupendos algodones de azúcar que juguetean entre las champas del campo de la
feria.
La
enorme rueda de Chicago dando de vueltas con los asistentes que gritan y
levantan sus brazos para demostrar sus miedos, mientras el ruido de las polacas
se antoja emocionante entre cartones y granitos de maíz que enseñan de ganarse
la fortuna de un vaso de herradura o una bacinica de peltre.
La
venta de los churros y las tiras de plátano verde, que se vuelven saltarines en
los peroles donde el aceite salpica su sabor a chamusquina, donde los catadores
se apostan en bancas de madera para acompañarlos con un vaso de atol de elote, reuniones
convertidas en los temas de conversación los chismes del poblado.
Vuelta
y vuelta los caballitos relinchan con la música de acordeón cuando suben y
bajan con un patojo sobre sus lomos y las luces se hacen mágicas en derredor de
la clientela. Las madres que saludan con los niños en brazos que alzan sus
manitas para alcanzar los espejos de kaleidoscopio que reflejan los focos.
Los
enamorados se arrumacan en las bancas de los alrededores apretándose en besos
mientras se esconden en los perrajes multicolores y sacuden los peluches, fruto
de las ganancias de la lotería. Los canastos de sueltan humo de la venta de los
tamales y chucitos son la delicia de los mas antiguos parroquianos que los
acompañan con el vaso de atol de masa, frijoles en pepita y chile.
Las
carretas de sorbetes que se instalan en las esquinas se ven asediadas por los
chiquillos que se encaraman en la banqueta para que les sean surtidas sus órdenes,
con paletas repintadas para untar las cornucopias. Las ventas de dulces típicos que se sacuden las abejas
mientras enseñan sus productos. Las canillitas de leche, los colochos de
guayaba, nuégados, tablas de coco y todo esos higos y medias naranjas
azucaradas.
La
bulla se acaba cuando la noche se hace presente y los azacuanes se revolotean
ante la ausencia de los visitantes, las luces se extinguen un día mas de
jolgorio y recuerdos de Carnaval…
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