Una
patrulla se detuvo en la entrada del edificio de la institución encargada de la
correccional. A tropes y empujones los jóvenes son bajados a punta de fuerza
hasta la pocilga, lugar, donde con
grilletes son interrogados y documentados. La húmeda habitación rodeada de
barrotes con unas bancas de cemento, sucias y malolientes , se convierten en su lugar de detención.
Ninguno
de los jóvenes se conocen entre si, pero las circunstancias de su pena son a
todas luces similares. Cayeron por el mismo motivo.
“ Tras los harapos de caites y
pantalón de manta Gamaliel mete su cabeza entre sus ásperas manos meditando:
Arrastrando
los pies descalzos, recorre lentamente los caminos de la tierra, abrumado por
tanta pena y agobiado de los pesares de la vida, camina con las manos entre las
bolsas en las alforjas contempla el vacío de la incomprensión, los sinsabores
de la pobreza, la desabrida incapacidad de salir adelante.
Pensaba:
que había hecho mal, incomprendido tal vez, mostrando su ineptitud la que no le
me había dejado deambular en un camino recto de existencia, por ratos la conciencia le hacía
de congoja sin sobreponerse a todas estas vicisitudes cuando se amarraba a lo
poco de intelecto que había superado en los dos o tres años que repasó en la
escuela.
En
su memoria recordaba los escapes que protagonizaba para fugarse al monte, las
excursiones que en unión de los mal cabrestos de sus compañeros de infancia, le
recortaban los días hábiles de las clases,
aunado a la poca asistencia de la maestra y el poco interés que se
reflejaba en la actitud de los padres que de cuando acá se recordaban que existía.
De
plano Qué? podía pedirle al seso que apenas había cultivado, incitaba algo mas
que el oficio del padre, azadón y piocha.
Cierta
mañana optó por fugarse y hacerse compañía de un grupo de adolescentes vagos
que lo instruyeron en las cosas de la vida, empezando por pequeños asaltos,
fumar la mariguana, hasta llegar a envalentonarse con una pistola para amenazar
transeúntes, camioneteros y mas. Llegó a una Clica cuyos integrantes,
encargados de cobrar extorsiones, le impulsaron ponerle el cañón de una arma en
la cabeza de un transportista y mas tarde ha disparar en contra de una ruletero
para hacer efectiva la amenaza del cobro de una extorsión.”
Mientras
tanto el otro sujeto, quizás mejor vestido, pantalón de lona, tatuajes al por
mayor, aretes en las orejas, dejaba escurrir entre sus humores las sombras de una
lágrima mientras imaginaba esas caída de fondo con arrepentimiento tardío:
“Mas
allá de la esquina, de pronto caminaba
con su traje de primera comunión, zapatos lustrados, peinado a la última y con
un cuaderno bajo el brazo mientras asistía a la escuela. Observaba como un
grupo de jovencitos le hacía bulling a los mas pequeños y aspiraba a ser
miembro de esos grupos de presión, la pandilla. Esas tontas ideas que para
luego se disipaba en una nube de irresponsables acciones, que lo llevaron a
convertirme en el patojo desaliñado, cubierto de ropa cool, que hacía lo que le
venía en ganas, se inició con tatuaje en los brazos. Actitud devastadora de
antisocial con congojas que arrastraba las penas a flor de piel, inmerso en la
fatiga de un cuerpo de problemas, amargado con las drogas y la sensación de
chico bien que descansaba en los pesados actos de irraciocinio que le habían
echo caer en lo mas bajo de lo ingrato y vil de este mundo.
Los
vicios le habían dotado de esa imagen decadente, mas que la zalamera manera de
enfrentarse a la vida, teniéndolo todo, dinero, estudios cuanta cosa que lo hacía
sentirse el amo del mundo. Apenas había logrado superar la escuela primaria pero
las influencias de la tropa que lo había reclutado en los arrabales de la
colonia donde vivía. Lo hacían sentirse macho, con el poder que te da una arma
o una fisga, poniéndole a la mariquita y al polvo blanco que le enervaba
haciéndole experimentarse en la cúpula del mundo.
La
conciencia, no se donde la había dejado tirada al no tener un freno a las
travesuras de muchacho alejado de la irrelevancia del rol de familia y la
disociación de un hogar desintegrado le habían impulsado a su yo aventurero a
dar pasos trastrabillando en la falta de entendimiento, que le alejaron del
sentido común, convirtiéndome en parte de una banda de desadaptados que en
jauría gozaban de delinquir como un juego de adolescencia. De plano un cerebro
virgen que no había encontrado ni un consejo para saber cultivarse, machacado
por drogas y un desafortunado machismo de grupo impulsado por el ejemplo de una
paternidad irresponsable. Ahora se daba cuenta de tantos gritos de conciencia
que le había rebotado en la mente sin penetrar.”
Se
encontraba en una verdadera cloaca retorciéndose los dedos y lamentando su
incorporación estos avatares. Robos a mano armada, extorsiones a gran escala,
violaciones en jauría a jovencitas escolares a las que hacían atractivas
ofertas en zarabandas de licor y estupefacientes.
Ya
inmerso hasta el cuello se vio metido en el sicariato y empujado a asesinar a
figuras relevantes de la sociedad. Pero un día cayó, fue abandonado por las
pandillas que los impulsaron, allí ya no hubo compañerismo ni camaradería, estaba
por su propia cuenta.
Ambos
enfrentaban su Incierto futuro.
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