martes, 23 de febrero de 2016

LA FOGATA



          En derredor de una fogata que en saltarines chispazos reflejaba en calor la presencia de adolescentes excursionistas, que mediante narrativas jocosas reían a todo pulmón celebrando su vivida experiencia de pernoctar en un bosque húmedo de aventuras. Junto a las brazas descansaba una gran jarilla de café, que inspiraba a la muchachada a contar aventuras de todo tipo y especialmente historietas de miedo, que les hacían arremangarse, en sus respectivos ponchos, como quien se oculta de los espantos para no verlos.
          “ … Y entonces el muerto le sacudió la mano frente al rostro, produciéndole un escalofrío que le recorrió la espalda. La imagen deambulo hasta quedarse frente al joven quien con los ojos desorbitados, lloraba inclemente ante tal espectro…”
--- AAYY!!--- gritó Gilberto --- mientras el resto se le ponía la piel de gallina, en espera de la aparición --- ¡ Ja,Ja,Ja… y todos se lo creyeron, ja, ja, ja, partida de miedosos. Los espantos no existen, ja, ja, ja. ---
          Así continuó la charla, mientras las ráfagas de viento avivaban la lumbre,  los comentarios ya se hacía mas agrestes y reflejaban en el grupo una sensación de temor después de las narrativas.
          El fuego empezó a disminuir cuando la leña se fue transformando en braza y ceniza con el correr del tiempo. Los jóvenes aculaditos se apilaron en una esquina para buscar combatir la sensación del frío y apaciguar un tanto el miedo que les había producido la charla. Entrada la noche cuando la luna cuarto menguante se colocó en el cenit, las aves nocturnas revolotearon por el lugar haciendo eco del canto de los tecolotes que daban rescoldo al escenario de los sauces que mecían en sombras sobre el  campamento.
          Un par de ojos grandes se dejaron ver entre las ramas de los arbustos no a mucha distancia, el gruñido de un animal y el ambiente de silencio que provocaba por la ausencia de las chicharras, pasos en el arrastre de las pesuñas, el frote continuo de las ramas alertaron a Gilberto que permanecía despierto, se sentó y tomando uno de los leños que permanecía prendido observó la presencia de un animal y le hizo frente. La bestia de filudos colmillos y fieras fauces se le vino encima, la esquivó y la golpeó con el leño…
          La concertina matutina y la rocío se hizo presente sobre el lugar, el grupo poco a poco inició a levantarse, inmediatamente se percataron que uno de los asistentes no se encontraba por lo que iniciaron su búsqueda. No lejos de allí le encontraron con un trozo de madera en la mano, temblaba como de calentura y perdido de la mente.  Las huellas de pesuñas se marcaban a su diestra marcando cerca de él…
--- EL CADEJO! ME ATACÓ EL CADEJO!--- gritaba desaforado, mientras sus compañeros le acompañaban.
          En la entraña de las montañas un ser extraño se oculta con una herida en las fauses.
   

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