Los
cocoteros se inclinaban saludando la brisa que resoplaba del mar, lo cálido del
sol veraniego se penetraba en las ardientes arenas de la longilinea playa que
rugía estrepitosamente con el rebalse de las olas, una parvada de pelícanos se
abría paso en los copetes de las aguas en su afán de pesca. Cientos de
cangrejos jugaban Tenta en el oscuro manto cuando retozaban saliendo de los
agujeros que se llenaban del salado líquido.
En
los parches donde se formaban las sombras dejadas por los árboles reposaban dos
toallas de colores vistosos que resguardaban unas botellas de bebida, el tubo
de un bloqueados solar, envuelto en un delgado bikini color naranja se asomaban
un par de anteojos oscuros y un sombrero de paja.
A
lo lejos se dejaban escuchar las risas de una pareja, tomados de la mano que
saltaban de alegría sobre los pequeños tumbos de blanca espuma. Se correteando
el uno al otro con marcas de arena que sobresalían de sus bronceados cuerpos.
Luego se daban una zambullida en la siguiente ola y se condujeron en dirección
a su nido, donde se tumbaron sobre las toallas.
El
chasquido de un beso se filtro en lo cálido del aliento y las gallaretas que
sobrevolaban en ese instante se hicieron las desentendidas ante el encuentro de dos cuerpos que se
fundieron en un sensual abrazo. El tiempo se hizo eterno y el romance se
prolongó hasta ya entrada la tarde. El brindis había sido extremo junto a las
melosas caricias. La sombra de la pareja se alargaba hacia el interior de la
playa mientras el sonriente sol se ocultaba tímido entre las olas.
El
canto de las aves vespertinas se balanceaba hacia las copas de los árboles ante
la llegada de penumbra que se dejaba caer tras los últimos vientos templados
rumbo al norte.
A
lo lejos se dejó escuchar una bocina de una carrito de esos de 4X4 que
ronroneaba en los alrededores del lugar.
La
dama se sentó y cubriéndose los senos se arregló usando su bata ropas, le dió
unas palmadas a su pareja, anunciándole la presencia del vehículo que los
llegaba a recoger. Surcando a media velocidad rumbo a donde se encontraban dejó
las marcas indelebles de los neumáticos en lo húmedo de del tránsito, luego
detuvo su marcha.. El joven sacudiéndose las arenas y desarrugando su calzoneta se colocó de pie y
saludó al piloto.
La
noche se había hecho presente en el retorno, los dos enamorados emanciparon sus
almas después de una emocionante aventura, mientras tanto las olas del mar se
hacían copetonas y se introducían a la playa borrando con su espuma los
vestigios de una tarde sensual, llena de amor.