Debajo
De los fustanes, se escucha el arpegio de las pantorrillas con las zapatillas
coquetonas que son de estreno, de punta de charol y talón, que se dirigen
presurosas rumbo a los patios de la escuela.
El
bullicio que allí se produce, se hace elocuente en los grupos de estudiantes
que rondan, pero cuando a través de un toque de campana, todos corren alocados
a formar y colocarse en las filas. Son la 8 de
la mañana, punto de inicio de las clase, ordenadamente cada fila se
dirige hacia cada uno de los salones que dan con el patio. Los muchachos con su
bolzón en la espalda muestran sus pantalones cortos y calcetines azules hasta
la rodilla, se aglomeran en la parte posterior del salón.
El
profesor brilla por su ausencia por lo que el recreo permanece como en el
patio, un avioncito de papel circula de norte a sur y se deposita en el
escritorio del maestro, justo cuando él arriba.
El
profesor frunciendo el ceño y con señales de enojo, toma la pieza de papel
entre sus manos, ajusta los espejuelos de los anteojos y apuesta a observar
quien fue el autor de tal travesura.
El
silencio se hace sepulcral, mientras alguno de los chicos se agazapan entre sus
brazos cruzados sobre la paleta del escritorio, mientras el otro grupo hace
malabares para contener la risa, que interrumpe la seriedad del momento.
La
chiquilla de las trenzas largas y doradas se pone de pie y hace un ríspido
saludo de Buen día profesor!, mientras dobla una de sus rodillas y sostiene sus
falda entre las manos, lo que tranquiliza la actitud del maestro y los chismes
del grupo.
El
maestro vocifero de agravio para pone orden a la tropa, se retira hacia el
pizarrón y procede a escribir con tiza las guías de la lección del día, luego
se quita el saco y lo cuelga en un perchero, justo detrás del anaquel de los
libros.
Los
golpes sobre el frontispicio anuncian los alegres juegos de pelota, que suceden
en el período del recreo de las 10
A.M., los chicos hacen mostrar sus habilidades del
deporte cuando en grupo disfrazan de estadio el patio, las chicas mas recatadas
se sientan a flirtear y leer poemas y canciones mientras se mecen en las
ilusiones de la adolescencia.
Que dichosa época escolar.