lunes, 6 de junio de 2016

UN DIA DE ESCUELA



          Debajo De los fustanes, se escucha el arpegio de las pantorrillas con las zapatillas coquetonas que son de estreno, de punta de charol y talón, que se dirigen presurosas rumbo a los patios de la escuela.
          El bullicio que allí se produce, se hace elocuente en los grupos de estudiantes que rondan, pero cuando a través de un toque de campana, todos corren alocados a formar y colocarse en las filas. Son la 8 de  la mañana, punto de inicio de las clase, ordenadamente cada fila se dirige hacia cada uno de los salones que dan con el patio. Los muchachos con su bolzón en la espalda muestran sus pantalones cortos y calcetines azules hasta la rodilla, se aglomeran en la parte posterior del salón.
          El profesor brilla por su ausencia por lo que el recreo permanece como en el patio, un avioncito de papel circula de norte a sur y se deposita en el escritorio del maestro, justo cuando él arriba.
          El profesor frunciendo el ceño y con señales de enojo, toma la pieza de papel entre sus manos, ajusta los espejuelos de los anteojos y apuesta a observar quien fue el autor de tal travesura.
          El silencio se hace sepulcral, mientras alguno de los chicos se agazapan entre sus brazos cruzados sobre la paleta del escritorio, mientras el otro grupo hace malabares para contener la risa, que interrumpe la seriedad del momento.
          La chiquilla de las trenzas largas y doradas se pone de pie y hace un ríspido saludo de Buen día profesor!, mientras dobla una de sus rodillas y sostiene sus falda entre las manos, lo que tranquiliza la actitud del maestro y los chismes del grupo.
          El maestro vocifero de agravio para pone orden a la tropa, se retira hacia el pizarrón y procede a escribir con tiza las guías de la lección del día, luego se quita el saco y lo cuelga en un perchero, justo detrás del anaquel de los libros.  
          Los golpes sobre el frontispicio anuncian los alegres juegos de pelota, que suceden en el período del recreo de las 10 A.M., los chicos hacen mostrar sus habilidades del deporte cuando en grupo disfrazan de estadio el patio, las chicas mas recatadas se sientan a flirtear y leer poemas y canciones mientras se mecen en las ilusiones de la adolescencia.
Que dichosa época escolar.

CUITAS DE PRIMAVERA




          La vi aparecer con sus largos canelones, su indumentaria de hermosa e interesante jovencita, su pequeño paraguas que pendía de uno de sus brazos y el exquisito sonido del roce de sus fustanes de seda, me robaban la mirada y el suspiro.
--- Buena noche señorita Patricia, que guapa se le ve hoy.---
La chica se sonroja, pero responde con una sonrisa:
--- Buenas noches joven caballero, que lo trae por aquí?---
---Atraído por chicas linda como usted y el hermoso ramillete de rozagantes  campechanas, que repasan las calles de esta fresca tarde de primavera---
--- Esperando a alguien en especial?---
--- Claro que no, estimo que ya encontré a la reina de  mi corazón… Si, a la  luz de mis ojos y  prenda de mis sueños---
--- Que galante, favor que usted me hace.---ocultando con su mano una sonrisa de picardía.
--- Me gustaría acompañarla, hasta la hora del concierto, si  no le incomoda?---
---Claro que no, sería un gusto.---
---El gusto y el honor es mío.--- se acerca y le susurra al oído--- la puedo tomarle del brazo?---
--- Sin que eso represente un compromiso, pues bienvenido.---

          Las niñas mas intrépidas, se acercan hasta donde se encuentran los  adolescentes, muchachos que por ser mas cortos carácter se juntan como indiferentes, con sus manos dentro de los bolsillos, observando de reojo a las chiquillas que deambula por su vecindad, que les dificulta un impulso al tratan de abordarlas.
---Chicos buena noche, porque tan apartados, no les gustaría participar aunque sea para jugar una ronda de tejo?--- vocifero un joven.
          Un poco sonrojados de corto ánimo se miran entre si y haciendo fuerza de grupo, se encaminan hacia el punto de reunión, unos de brazos cruzados y otros un tanto mas alejados del círculo, como no muy convencidos. Alguien toma la batuta sobre la planificación de los juegos a realizar. El salto sobre un cuadrado, el golpe de las canicas, el del zopilote o el salto de la cuerda. Se organizan los grupos y al compás de la música se producen las actividades, acompañados de la bulla y amplias risas del conglomerado.
          Una chiquilla a caído al suelo al enredarse en la cuerda, sin mayores consecuencias se levanta auxiliada por sus compañeras, quienes le sacuden su vestidito de paletones y ancha moña. La pelota plástica de colores ha ido a parar en uno de los jardines al rebotar en la cabeza de un transeúnte, rechazada por uno de los participantes. Todo vuelve a la normalidad.
          Diego espera con la debida paciencia junto a la joven, quien la tomó de la mano por el momento de pánico al desaparecer la luz. En su actitud nerviosa le clavó las uñas en la mano y además se acomodó junto a su pecho. Un tanto incómoda se retiró pidiendo disculpas por su actuación.
--- No tenga pena,  sin embargo fue muy agradable haberla cobijado en mi pecho.---
          Levanta su rostro lleno de angelical bochorno, y trata de huir del lugar, prendida aun de la mano, que no deja que se vaya, por lo que la atrae y sin mas ni mas le deposita un enorme beso que la hace reaccionar volteando su rostro que muestra una sonrisa inocente, en una inesperada despedida.
---Buena noche, Diego, hasta otro día…---
          Corre sin esperar respuesta, hacia la banqueta de la esquina donde se detiene por un momento, voltea a ver y con facies de ilusionada lanza un adiós con el movimiento de su mano.
          El joven sorprendido se estaciona y trata de alcanzarla, pero ella desaparece a lo largo de la calle aledaña, responde con un suspiro y atina a levantar la mano para devolver el saludo.
          Un carruaje se desliza por la avenida que se oculta en el paso de la noche, anunciando la finalización de la jornada tras los repiques de las antañonas campanas de la parroquia aledaña. Ella desapareció en medio de la bruma…

LA TELARAÑA



        En cuadriláteros de figuras geométricas, una araña se entretiene guindada en equilibrio, socarronamente tejiendo su tela; se balancea como en acto circense como trapecista donde cuidadosamente con sus patas estira los hilos con la sensibilidad como parte de su trampa mortal.
        La esquina junto al tapanco de machihembre de madera, tiene justo la parte de la pared que se descascara  en el repello de la antigüedad del techo, todo envejecido por el paso del tiempo.
        La puerta que se enciende en rechinidos que al moverse se desata sobre una alfombra de polvo y polilla, que se extiende hasta los rincones de la habitación, apenas un candelabro metálico que descansa sobre una mesa de áspero cedro que se sostiene en sus tres patas en el centro del cuarto abandonada a su suerte y a la soledad del punto. Un pequeño rayo de luz que proviene de una estrecha rendija en un vidrio roto en el ventanal que se hace vecindad de un jardín. El espacio apenas iluminado respinga con el viento que se escurre por el agujero esparciendo las partículas de tierra que caen sobre los enceres.
        El silencio se ordena en tonos de oscuridad cuando las reminiscencias de la tarde se hacen efecto, el vacío se rompe por los botes de una pelota de hule que brinca en la pared externa, el golpes fustiga la puerta que hace de llovizna mas de las polillas, choca en el dintel y penetra al interior, al caer levanta polvo y al arrastrase deja una guía en el suelo, cuando se hace engañosa y se esconde en los rincones. Nadie le hace seguimiento.
        Alguien asoma su cabeza en la entrada, se acompaña de una veladora para abrirse paso, sigilosamente el niño penetra marcando sus pequeños pasos sobre el tapete donde quedó la seña del camino de la bola. A veces agachado o moviéndose en cuclillas se acerca hasta el rincón, la escasa luz del candil no le permite ver con claridad y tan solo alarga su brazo y con su mano busca el balón.
        El maullido de un gato le hace retroceder mientra se le lanza por encima, el chico cae de espaldas y suelta la candela
que recorre un trecho y luego se apaga, dejando el ambiente mas oscuro que de costumbre.
        El niño se levanta y corre, mientras un viento extraño le empuja la puerta y le impide la salida, allí se recuesta tratando de empujar, golpea con el hombre pero el crujir de las maderas solo le produce polvareda. La sensación de estar acompañado le hace temblar del miedo, al fin logra hacerse paso por la entrada, donde se detiene fatigado y temeroso, al proceder a sacudirse el polvo mas los restos de telaraña La pelota sale despedida desde adentro y le golpea la cabeza. Una sardónica risotada maquiavélica se deja escuchar…