Salahadín
el árabe poderoso
Partió las
arenas del desierto.
Desde
Damasco, con su sable milagroso,
Con miles
de soldados en fiero concierto
Conquistar
a Jerusalén su gozo.
Cruzó el
Jordán, ilusionado con intriga rencorosa
Con un ejército
de hombres de temeridad famosos,
Asedió a
los habitantes de la ciudad religiosa
Apostando
en contra de cristianos valerosos.
Sarracenos,
árabes de allende del desierto
Marcharon contra
Balduino, “El leproso”,
Destruyendo
reinos, tierras en campo abierto
Contra Guido
de Lusignan, el infame menesteroso
Al
encuentro con los cristianos, vino,
Cruzados de
todos los reinos y naciones
Portando el
estandarte de la cruz del divino.
Hordas de
Templarios con Papales bendiciones
Jerusalén,
fortín de la discordia del mundo, sin fin.
Desde los
Romanos, infieles, Judíos y cristianos
Cuando
despilfarran el Reino, ante Mahometanos, y
Salahadín dirigió
sabiamente la batalla de Hattin
En cruentas
batallas y matanza hiriente
El Islam se
mostró como el poderoso vencedor
Extendiendo
su Damasco al resto del oriente
Belian de
Ibelín con argucia protege con su honor
En el sitio
de la ciudad Santa, previendo aniquilación
Entrega su
rendición a los hombres de Bagdad,
Salvando a
su pueblo de esclavitud y destrucción
Abandonar el
sitio, por Salahadín en acto de bondad
Diezmados viajan
a Trípoli, con Sibila Reina por herencia
Hasta que
los ingleses retoman a la
Tierra Santa
Contraatacando
a los invasores con nuevas incursiones
Pero
Jerusalén se mantiene por el Islam en sus manos.
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