El instinto, angustias del pecado incontrolable
Rabia ingenua de no preveer, incapacidad
Llanto junto al rincón de culpabilidad irreparable
El perro aúlla al aire de la distancia,
Mujer pariendo junto al amanecer.Leña que cruje de lamentos de infancia.,
Mientras el fuego ensaya su menester
Ojos vivos que parpadean con sorpresa.
Mientras el gélido viento, lo arruga en suspirosLe atriciona con machete, su cordón de naturaleza
Mientras la madre desangra en olvidos.
Todos corren alocadamente, la culpa siempre acusa
La placenta, se retiene y en manantial que abundaYa la fuerza de los pujos, apapachos como escusa
Pende en un hilo el alma, de la moribunda
Se llega al epitafio de una exhalación fortuita
Amarrada a la pantorrilla, un trapo de sangre manchadoYa hecha un espanto, el cuerpo no palpita
En tapesco, la empujan hacia monte abandonado
Dejando atrás, balbuceos inconformes de esperanza
Azul respiro, agónico infante, asustado de pálida calma
Que se guinda de la vida, con el ansia de añoranza
Que se despide mas allá de la madre y de su alma
Ingenuo el padre aun se pregunta con displicencia
Si lo que tiene en sus brazos, producto de su desatinoEs responsabilidad pasmada de su disque ignorancia
Que marca con sarcasmo y encarna su cruel destino
El niño sin destino, abandonado a su suerte
Pelea por su derecho a permanecer entre mortalesCuando también él enfrente a la muerte
Culpa de pecados humanos irresponsables
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