Evento.
Sentado en la cúspide de la montaña
De luna pálida encendido,
Observando, tecolotes con gritos desde su entraña,
La soldadesca que juega a los desconocido.
Mientras transitan juegos con su propia saña.
Que presagian los peligros sin motivo
En alerta se apostan en la entrada del asentamiento,
Acompañados de los chuchos que aúllan por el amigo.
El tableteo sutil de las mortíferas, armas del pensamiento
Que escupen su veneno de fuego enemigo.
Señalan el grito que deambula, de reconocimiento
Fuerza destructiva de la palma y hormigo
Los habitantes corren despavoridos, de sur a norte,
Asemejando un chiviricuarta sangriento.
De los que caen débiles, soltando su alma inerte
Mientras los lamentos, son queja de pensamiento.
Después.
Sembrados como geranios, se pintan los güipiles rojos
Ríos de sangre, de terrón y lodo manchados.
Disque enterrados en los campos de abrojos
Con impunidad de tecomate, todos amontonados.
La masacre se materializa, que imploran, en manojos
Los cuerpos humanos, salvaje grito mas que espantados.
De niños en perrajes envueltos, que ahora, ya no lloran
Su desgracia de muerte. Ni su voz ni su canto…
Hoy llegan los zopes, en grandes nubes que devoran
Planeando su hambre en desaforado manto.
Los pestilentes cadáveres que de silencio imploran
Se hacen vapor en el espectral camposanto.
Es donde los famélicos animales se van de vagancia,
En búsqueda de su amo, ausente, desaparecido.
Con una canción que se repite a la distancia,
Como caído por la metralla, mártir desconocido.
La tierra se los tragó, con todo y su cruel historia.
De parcas e inocentes campesinas. Sobrias y asesinadas
Que no eligieron ser parte de esta trágica memoria
Y finiquitar rígidas en las maltrechas fosas improvisadas
No hay cruces, ni nombres, solo huella mística
Zanjón de rimas y de osamentas, en vuelo de ánimas
Cubiertas con manto de guerra, impunidad sarcástica
De historia cruel, vieja de tierra bautizada con lágrimas
Veinte años más tarde.
Hoy los expertos rasguñan el húmedo barro sagrado
En sutileza descubren caites y pañuelos delicadamente
El costal de huesos, tierra con despojo amontonado
Bultos con brochazos de carroña, envueltos descuidadamente
Los restos del Manuel, del Macario, como rompecabeza armado,
Cuerpos mutilados, cubiertos de trapos de imagen hiriente
El resto de un sombrero, cráneo perforado pegado a una trenza.
Cuerpos de infantes embrocados, atados sin pena.
Entonces, almas redimidas, juntas descansan en ordenanza
De los encuentros de un pueblo que de pesadillas estrena
Algunos ya con nombre, cruz de añoranza.
A pesar de todo, unos cuantos miles en la memoria extrema.
Permanecerán, lejos en el purgatorio, allá en las montañas
Ciegos los cuerpos no llegan a la paz del desconocido,
Olvidados en el monte, abrazados en las entrañas
¿Y tu quien eres?, víctima en romería de lo acaecido.
Jóvenes, mujeres, ancianos, que claman su verdad.
Su presencia en los anales de la cruel historia
En la lucha sin cuartel de los inocentes de la comunidad
Como almas que deambulan a lo largo de la gloria
Sin chance a pedir vida, respeto, ni libertad.
Resabios de dictadura, decadente, fría
No muertos en balde, en impunidad
Pasado de ignominia, futuro de valor, vergüenza del día a día